jeudi 19 octobre 2017

Un jardín interior, dibujado con tinta (Ana Hatherly)

15 de octubre de 2017, por Lunettes Rouges


(artículo original en francés, aquí)



Detalle de la vanidad aquí abajo


La poetisa y escritora portuguesa Ana Hatherly que falleció hace dos años, es muy poco conocida fuera de Portugal. Uno o dos libros en francés, una revista, y, en inglés, la traducción de algunos poemas, una película subtitulada y es más o menos todo. El comisario Paulo Pires do Vale (quien, entre otras, ha realizado las dos exposiciones Pliures en París, en Gulbenkian París y en Bellas Artes) presenta la exposición que acaba de abrir el Museo Gulbenkian (hasta el 15 de enero) como un ensayo. A partir de las lecturas y de los cursos de Ana Hatherly, la exposición muestra su vínculo con el barroco, no tanto la iconografía misma y su influencia sobre las obras plásticas de la artista, sino los temas que la fundamentan y la manera como hacen vibrar la obra. El barroco, sí, pero ¿ qué barroco ? Han elegido abordarlo por cuatro facetas : el laberinto, el tiempo (placer y muerte), la alegoría y el lenguaje. Laberinto y lenguaje resultan de un enfoque más estructural, tiempo y alegoría de una visión más sensible. 




Ana Hatherly, Torah, 1973, marcador sobre papel y madera. Col. Gulbenkian


Primero el lenguaje, el juego de letras y palabras, poesía y pintura : al fondo de la exposición un diaporama presenta más de 350 imágenes con las cuales ella ilustraba sus cursos a propósito de las relaciones entre la palabra y la imagen (la escritura como representación, los alfabetos fantásticos, la poesía visual, los signos lingüísticos en el arte...) y posiblemente sea allí en donde se deba empezar, para entender hasta qué punto, para Ana Hatherly, la escritura es una forma de pintura y todas sus obras visuales están también compuestas con texto (o algo similar). En la pared vemos su alfabeto estructural, puro invento visual, y sobre una mesa, una Torá falsa, un sacrilegio que no es iconoclasta sino logoclasta, que borra el Verbo del principio al despojarlo de su sentido reduciéndolo a imagen. Vemos todos los códigos de escritura, de los jeroglíficos al cuneiforme, del chino al cúfico (y, subiendo, en la sala de arte islámico del museo, exponen varios "neografitis" suyos, signos suspendidos que hacen eco con la caligrafía árabe).




Ana Hatherly, ST, sin fecha, marcador sobre papel


Y la plasticidad de la escritura (que no se refiere al barroco) la encontramos desde la entrada, en este gran rollo, en el cual la palabra « paz », se repite cien veces, con un temblor obsesivo casi alucinado e interminable.



Ana Hatherly, Laberinto blanco, 1996, spray sobre papel. Col. part. en depósito en Gulbenkian


Estructural también, la primera sala sobre los laberintos, entre los que Ana Hatherly dibujaba (arriba), y los procedentes de sus investigaciones en la literatura barroca, tenemos numerosos ejemplos en las vitrinas, con muchos laberintos de palabras. El laberinto es un mapa de la imaginación, un motivo repetitivo y estructurador. Concebir laberintos, desde Dédale, es en sí un arte, un juego de coerción y de libertad, en el cual se descubre una visión nueva, un punto de vista diferente al mismo tiempo que se busca escapar, y los oulipianos, Perec, Queneau, habían entendido bien su riqueza infinita.



Ana hatherly, A Casa das musas : uma releitura critica da tradiçao, Lisboa, Estampa, 1995


No es casualidad que la selección de sus ensayos (su prefacio) sobre las relaciones entre poesía barroca y poesía visual contemporánea esté adornada con un laberinto de mosaico.



Ana Hatherly, « The pomegranate », 1971, marcador, lápices de colores y collage sobre postal, 14×8.9cm. Col. Gulbenkian


Entre las dos secciones bastante conceptuales, se encuentran dos salas más bien dentro del universo de lo sensible. La una trata de la alegoría, de la simbología de las flores y de las frutas, del descifre de las pinturas codificadas de la época barroca, y también de los sueños y su interpretación. Consta sobre todo de una hermosa serie de dibujos de granadas coloreadas por Ana Hatherly : símbolo de fertilidad y de cohesión.



Anon., Vanité, 17e, huile sur toile, 50x60cm. Coll. Musée national d’art ancien, ph. Joao Pessoa


Para terminar, la sala sobre el tiempo contrasta el placer (con la Fête Galante de Lancret) y la muerte (con esta Vanidad anónima del siglo XVII) cuyo detalle de arriba evoca un jardín interior, quizás el jardin hecho con tinta que uno de sus poemas en la pared menciona y que intitula la exposición. Vemos fotos (de Jorge Molder) de una de sus demostraciones en la Galería Quadrum en 1977, en donde ella destruye paneles de papel decorativo; para ella, es un acto creativo de rechazo del mercantilismo en el arte (al contrario de Fontana, quien, además no se dejaba fotografiar o filmar en el momento crítico). Otro museo lisboeta presentará en noviembre la película de esta demostraciónRupture

Crítica de la exposición, en portugés (con fotos de su servidor trabajando)

Fotos 1 a 4 del autor; fotos 6 & 7 cortesía de la Fundación Gulbenkian.


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